domingo, 17 de abril de 2011

Violeta, jugador o jugadora de fútbol

Las chicas por lo general juegan con muñecas, ven películas tiernas, y sueñan a ser las princesas del cuento de hadas.  Violeta no era así, desde bien pequeña le encantaba jugar con autitos, con pistas, con trenes, aviones... cosas que no eran tan comunes para una niña.  
Empezó a crecer y su vida transcurrió bastante normal, con algunas complicaciones más serias que las de otras niñas de su edad, pero nada que ella no haya sabido sacar adelante.  Sin saber muy bien la razón se empezó a ver rodeada siempre de chicos, de hecho eran pocas las amigas que tenía, le sobraban dedos de una mano para contarlas.  Sin embargo no era así con los hombres, al contrario, sus mejores amigos, eran del sexo opuesto.  Y cabe aquí aclarar que sus intenciones eran las más nobles y desinteresadas de cualquier chica, aunque claramente sentía atracción por ellos, en este caso sus amigos era como si sencillamente fueran eso, amigos.  
Su madre quien gustaba de deportes como fútbol y lucha libre, pudo haber encendido esa pasión que más adelante la marcaría.  Pero sin duda alguna, fueron sus amigos los que le enseñaron a amar algo que pocas niñas podían amar, fue de ellos de quienes aprendió a llorar no por una novela, sino por un partido que se perdía y los eliminaba de octogonales.  Junto a ellos sábado tras sábado, aprendió a vivir como uno más cada partido, y hasta los entrenos a los que iba siempre que podía cada martes o jueves a las 4 de la tarde.  Estuvo incluso en una ocasión sentada en el banco con ellos, y aunque a muchos les parezca imposible, toda su mente giraba en torno al partido.  
Jamás miró como hombres a su equipo, es la hora que no sabe si tienen buenas piernas, espaldas contorneadas y abdominales marcados, si acaso recuerda ciertas características de las caras de algunos de ellos, pero lo que no olvida es el número que llevaban en la espalda, los coros que junto con sus amigos cantaban y cada aventura que vivieron juntos.  Toda esa pasión que al parecer le inyectaron desde el mismo cielo antes de nacer, es la que hoy lleva a Violeta a entrenarse y jugar el partido de su vida, para tener un día en su cuello la medalla de su sueño impreso en ella, ocupar la primera plana de un diario importante con la foto en su estadio favorito, con la copa en mano y su familia al lado.

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